LA COMPAÑÍA DE VERSOS ANÓNIMOS. CVA EDICIONES. Poesía y más.

Nuestros títulos y autores:

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Qué se dice sobre nuestros libros:

Los versos de "Juguetes de Dios" son como un extraño alimento para almas desasosegadas, gotas cristalinas del néctar que rezuman los higos maduros del otoño, un bálsamo con el que embadurnar la tristeza del presente y la esperanza que nos recuerda que es necesario vivir, un antídoto contra la pereza en el compromiso con la utopía y los sueños, una indicación que bien seguida lleva -sin esperártelo- a una de las tantas y solitarias calles del paraíso.
Manuel Bernal / sobre Juguetes de Dios.
"De cuando los dragones bailaban con las sirenas" es un libro para ser leído detenida y pausadamente. Necesita de la soledad y del alimento del silencio de cada uno de nosotros. Quien se adentre en la lucha constante de estos dragones y estas sirenas hallará un mundo de imágenes impactantes, una riqueza visual teñida de azules y de añiles. Y no podrá evitar que las páginas de este libro, se conviertan en un espejo certero que nos descubra el pasado que olvidamos, y nos ilumine el presente que nos abre la puerta del mañana. No en vano Neomar habla de aquello que rige nuestras vidas: el amor. El amor naciente, el amor dolido, el cruel, el inesperado, el obligado o el que se reencuentra. En definitiva, la historia infinita entre el hombre y la mujer.
Víctor Alija / sobre De cuando los dragones bailaban con las sirenas.
Hay que leer "El exilio de las alas" como quien emprende un viaje a la conciencia de lo que somos, de lo que se viste con el perfume de los que formaron parte luminosa de nosotros. Manuel Bernal suele decir que un buen libro de poemas no puede leerse como quien lee una novela, que exige otro tipo de atención. Los poemas de Manuel Bernal son ejemplos de ello. Invitan a volver a su revelación una y otra vez con su oda al paisaje que aguarda “ser playa para un mar de espera”, con esa forma lírica y emotiva de adentrarse en el espacio de la propia memoria.
Luis García Gil / sobre el Exilio de las alas.
Poesía limpia y directa, cargada de verdad, la que nos ofrece Raquel Zarazaga en este " A veces, cuando llueve, nos llega el olor de la sal". Flor de hondo lamento esperanzado, letanía vivaz que deja en todo momento vislumbrar una puerta de salida: //El mundo se desdice en cada nunca,/incapaz de parar mi pánico./Con la lanza en el costado,/repto por la bruma./Y si la flor del alcohol/recoge mis deshechos,/en ella me abismo y remanso allí/la cesta derrochada/de mi niñez feliz,/liviana gracia entre las ruinas.//
Están a punto de adentrarse en los confines de un alma humana expuesta sin dobleces, con la hábil maestría de quien apenas concede importancia al arte de extraer el jugo de la belleza misma de la realidad. Disfruten del viaje y presten atentos oídos, su lirismo elegante y verdadero no les defraudará.
Raquel Lanseros / sobre A veces, cuando llueve...
"Al cerrar los ojos", esta nueva entrega poética de Luis García Gil, resulta ser una crónica de reflejos desvanecidos, de imágenes que nos observan desde los tiempos demacrados del  otro lado del espejo,  -espejo antiguo, los nuevos no tienen memoria- sin que podamos alterar el devenir de lo transcurrido ni eliminar el óxido de las fotografías que Lewis Carroll tomó desde esa frontera de mercurio. Ya es la hora del cierre de los sueños. Completamente poseído por este extraordinario “Al cerrar los ojos”, me pregunto cuál de los dos es el otro lado.
Tito Muñoz / sobre Al cerrar los ojos.
Pese a la convicción de que la nada es todo y, por tanto, no hay más cera que la que arde, palpita en este libro la posibilidad de una redención humana, algo que aunque no nos libre de nuestro propio destino, alerte nuestra conciencia y como un rayo ilumine la estancia que habitamos, con el objeto de ser testigo fiel de la vida.
José Ramón Ripoll / sobre De barro en carne viva
La suite Mercedes Escolano no es apta para cardiacos. No incluye saludable desayuno. Sí juguetes y máscaras. Si hubieran ustedes de perecer allí pudiera ser que muriesen envenenados al apurar su copa de champán. Al fondo, muy al fondo, hay una mujer que se mira y se fantasea en el espejo. El bungalow Josefa Parra no es apto para corazones frágiles o tornadizos, niña Isabel: sus flores de romero mañana serán hiel. Si apareciera aquí un cadáver, tengo para mí que habría muerto atravesado, como las palomas amantes de las leyendas de Washington Irving, por un alfiler de pelo. Al fondo, muy al fondo, hay una mujer que sueña con abolir el azogue del espejo, con la pureza no del cristal: del aire. O acaso con un aire velado de azul. La E de sEnsual, de Erotismo, como la del silEncio, en realidad ha de ser como la de “roug(e)”: una E muda.
Ana Sofía Pérez Bustamante / sobre Habitación de Hotel.
Manuel Francisco Reina nos regala en este libro poemas rotundos y sublimes, piezas exquisitas de orfebre, y rubrica su discurso con la contrición buscada en el dolor y el puñal, con la renuncia que sólo puede exhibir el que vence: “Ahora que sé, nada quiero”. Ícaro ya duerme rodeado de insólita belleza, preámbulo del autorretrato hambriento que nos desvela el misterio del poeta: “Este también soy yo”, el gemelo, el ángel malo, el contrario, el que grita rebelándose. El hombre y el poeta, el muchacho alado vulnerable y turbado y el dios oscuro, el opuesto, infernal.
Admirable y verdadera Poesía, inquietante, estremecedora voz la de Manuel Francisco Reina en este poemario espejo impenitente, que nos arroja su luz propia como reflejo del mensaje que no puede, que no debe callar. Voz empeñada en la palabra, en la rabia, en la revelación, porque así es la Poesía.
Magdalena Lasala / sobre La vocación del zángano.
Lo más importante de este libro, en el que palpita una toma de conciencia personal consigo mismo y con el mundo, es la asunción del compromiso del poeta con su tiempo, y de las ínfimas migajas de dicha y de belleza posibles de atesorar en una sola vida. Quizá porque los poetas verdaderos lo son no sólo cuando escriben versos, sino en la mirada, alerta y perlada de inocencia con la que se mira el mundo, con la palabra alerta que interroga.
Manuel Francisco Reina / sobre Migajas.
Aunque la vida es pérdida, las aguas del río son las mismas en su nacimiento que en su desembocadura. Y, gracias a la palabra poética, cuando Julio siente el peso gris y sombrío del espeso presente, puede remontar la corriente hasta alcanzar las alegres torrenteras y cascadas de la infancia o los voluptuosos rápidos de la juventud. Y si la realidad decadente oprime el alma del poeta, también puede detenerse en las profundas y serenas aguas de su curso medio para refugiarse en los cuarteles de invierno, donde la corriente es un espejo que fluye contra el cielo y la belleza es un antídoto para el dolor que se oculta en los instantes de penumbra.
Ricardo Rodriguez / sobre Un río fugitivo.
Cartas al amor, a la desazón, a la indiferencia, a todos los poetas, que, como él mismo, esperan encontrar en las palabras el antídoto al vacío, un vacío latente que nos provoca un desasosiego extraño en las entrañas, como la que rezuma la lectura de la Carta Octava: “(…) ni casi siento nada en el alma. /Cito los autores con las iniciales porque empiezo a odiar dar sus nombres completo.
Cartas que ansían la respuesta que reside en el oficio mismo de poeta, el refugio poético, como alivio del  espíritu.
La lucidez de este joven autor, sorprende, las más de las veces, cuando nos obsequia con la más exquisita de la cordura, ahí, donde el talento alcanza su estado más febril: “(…) Yo necesito que me arrastren de los pelos/ para darme cuenta de que algo he hecho mal,/ que me apaguen los rescoldos candentes/ del ansia de juicio de la razón en la espalda.” Es un privilegio acercarse a descubrir a este poeta. Es un honor ser quien trate de inducir a su lectura, aunque sin duda, es completamente innecesaria mi voluntad de seducción para invitar al disfrute del aleteo de este pájaro amarillo que trae aire fresco a las letras actuales.
Rosario Troncoso / sobre Pájaro amarillo, cartas y otros poemas.
“Ser poeta cuesta caro”, caro para el alma del artista que se debate en un mundo antojado a una jaula inmensa y denostada. Manantiales Celestes es el “préstamo sin compromiso a ser devuelto” del alma de un artista superviviente a la peor de las dictaduras, no la política (cruel e infame allá donde la situemos) sino la propia dictadura de la razón humana, las fronteras y límites establecidos por la conciencia de pocos y la inconsciencia de muchos.
Manantiales Celestes es un sutil collar donde se anudan el amor entregado, frenético, fugaz; el sexo apasionado y demoledor; la soledad taciturna y desacompasada; la negación del hombre por parte del hombre.
José Jiménez Muñoz es, en este poemario, el escriba del alma humana. El pescador no suele conocer el mar, es el mar quien lo consume. Y este libro, el manantial donde acudir sedientos a liberar el espíritu de artificios.
Víctor Alija / sobre Manantiales celestes.
Los poemas de este libro están llenos de sexualidad y, por ello, de espiritualidad. El cuerpo propio, el cuerpo del otro, el deseo, la búsqueda, el desencuentro, la tristeza ante la limitación, el amor satisfecho, la nostalgia por la pérdida, la costumbre, el vago e inacabable desasosiego que nos da la certeza de que estamos vivos. Hay que haber amado y desamado y vuelto a amar y no haber perdido la memoria de amor y desamor para saborear estos poemas. Recitarlos lentamente, sintiendo su sosegada cadencia interna y la plenitud  y belleza de sus palabras. Momentos oscuros, cuya clave pertenece al poeta; súbitos rayos de luz que alumbran en el lector algún sombrío recoveco que el olvido intentó piadosamente ocultar.
Lucía Parrilla Sagra / sobre Discurso sobre los estados carnales.
Razones de lo imposible es el eco silencioso del poeta, turbador testamento premonitorio y testigo solitario del pasado, donde el amor es homenajeado en su ausencia y donde la ausencia duele y ata de manera inevitable y cruel al poeta como testigo propio y único de sí mismo.Y a pesar de este profundo y en ocasiones agotador para el poeta existencialismo carnal y espiritual, Rolando es capaz de sentirse Ave Fénix para doblegar nuevamente la condena del amor y la silueta de la mujer o de las muchachas de Turrialba. Razones de lo imposible sea quizás, en apariencia, un castigo a la dolencia del alma humana en su devenir con las relaciones contractuales del corazón, pero desde la profundidad de sus versos el lector sabrá verse a sí mismo redimido de los errores y los pecados de la pasión, la entrega, el amor o la carne.
Víctor Alija / sobre Razones de lo imposible.
Al arrancar la página que conduce a este almanaque, los poetas nos dicen que la primavera siempre es una cuestión de tiempo. La que besa la arboleda y hace brotar el verde nuevo, según Antonio Machado, nos llevará hacia la edad del olivo y la melancolía de la juventud perdida; esa juventud que, desde la palabra de Miguel Hernández, encierra unos ojos que nunca han sido viejos y que pueden vivificar las cosas para la primavera. Vale que la primavera presuma demasiado, pero ¿es que no habéis visto su cara quinceañera, como si el calendario se vistiera de muchachas y el aire siempre fuera cómplice y libre como un buen recuerdo? Pero, por lo demás, ¿quién desprecia el botín de ese espectáculo mundial y gratuito en tiempos de tanta usura y de tanta crisis?
Juan José Téllez / sobre Veintiuno.
Como peregrino de la duda, el autor camina sin certezas, ansiando que la sorda luz que su interior envuelve sea la misma que el sol que sus ojos ciega, deseando fundirse en comunión con las voces de la tierra, y haciendo retumbar en su garganta el grito silente de la carne abatida. Confiesa su débil condición de arena que se derrama, la fragilidad que lo quiebra en la batalla, pero también la fortaleza que le confiere el sentir la magnitud de la existencia, y la fe en el convencimiento de que ha de seguir buscando esa luz escondida, que no es otra que la que desde el interior de sus versos ilumina su palabra creadora.
Inmaculada Calderón / sobre La luz que me ocupa.

Siempre se dijo que todos llevamos dentro al niño que fuimos, pero Víctor Alija lo guardó apretadito en la cueva de sus manos. Con él pudo primero formar una familia de pequeños y mágicos Kabach para, luego, convertido en su papi, contarnos las maravillosas historias que revolotean entre las páginas de "Whoopita Bella y la Historia del Árbol Mágico". Este libro está dirigido a todos los que todavía creemos que el mayor milagro para el hombre es la infancia y que los sueños que allí suceden no se acaban nunca mientras nosotros no les cerremos las puertas. Enternecedor, inteligente, atrapante, un gran libro para niños desde su gestación hasta los 105 años.

Dolors Alberola / sobre Whoopita Bella y la Historia del Árbol Mágico.